Estilo homérico

From Dictionary of World Literature
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por Santiago Gómez Duro, Carlota Asorey Vázquez, Lidia de la Torre Diz, Manuel Brey Pazos, Javier Deus García

Estilo Homérico (en griego antiguo Ὅμηρος; c. siglo VIII a. C.): características formales presentes en las obras que tradicionalmente se le atribuyen al poeta griego Homero.

Contents

Definición extensa

Dentro de los diferentes estilos literarios, pertenecientes a la Literatura Mundial, el Estilo Homérico es aquel que nace en la epopeyas griegas atribuidas a Homero y que, posteriormente influyó a distintos autores y sus obras.

El Estilo Homérico se compone de un lenguaje formulario utilizado para facilitar la composición, memorización y recepción por ser repetitivo y esperable, propio de la literatura oral. Algunas de estas fórmulas son:

  • El Epíteto Homérico: Éste consiste en subrayar o remarcar una cualidad propia del sustantivo que acompaña. Según el criterio en el que se apoya el epíteto, se puede manifestar de diferentes maneras, tales como:

1. Formulas recurrentes: el amanecer (“Al mostrarse la Aurora temprana de dedos de rosa”), el inicio/final de conversación (“Y hablando, le decía aladas palabras” / “Y habiendo hablado así”), entre otras.

2. Epítetos referentes a cualidades, orígenes, parentescos, atributos, etc., y que abarcan desde: dioses (“Atenea, la diosa ojizarca”), héroes (“Aquiles, el de pies ligeros”), hombres (“Héctor, el de tremolante casco”), mujeres (“Criseida, la de hermosas mejillas”), ciudades (“La bien amurallada Troya”), objetos (“Las cóncavas naves”), la muerte (“La funesta parca”), etc.

3. Patronímicos: variante del epíteto que hace referencia a la ascendencia del personaje al que acompaña, así “Inflexible hijo de Peleo” para Aquiles; “Hijo de Atreo” para Agamenón; “Hija del anciano del mar” para Tetis; “Hija del prepotente padre” para Atenea”; “A quien parió Leto”, para Apolo, “La hija de la Mañana” para Eos, entre otros muchos. Encontramos también el patronímico adjetivado, siendo así: “Cronida” (Zeus); “Hectorida Amado” (Astianacte); Heraclida (Tlepólemo); “Laertíada” (Odiseo), “Laomedontíada” (Príamo); “Priamida” (Paris), etc. Observamos también patronímicos referentes al abuelo – nieto, por ejemplo: “Nieto de Zeus” (Tlepólemo Heraclida); “Nieto de Urano” (Zeus Uranida) …

  • Los símiles y comparaciones: Según la definición de la Real Academia Española una comparación o símil es una figura que consiste en comparar expresamente una cosa con otra, para dar idea viva y eficaz de una de ellas. En las obras homéricas los símiles son creados por el poeta y le permiten abandonar el escenario épico y acercarse a su mundo cotidiano, al reino animal, a los fenómenos de la naturaleza, a las relaciones familiares, etc. Las comparaciones, además de ser una asociación de ideas cumplen una triple función: proporcionan plasticidad al relato, introducen variedad en el transcurso del relato y captan la atención del auditorio. Las comparaciones funcionan como una especie de paréntesis, y el poeta recupera el hilo del relato con el uso de conectores correlativos: <<como…así>>, <<como…de la misma manera>>. Las comparaciones se convierten en auténticas escenas con las que poeta logra dotar de gran realismo al episodio narrado, dando a éste una gran carga emocional y expresiva, aportando al lector la sensación de vivir en primera persona la escena que se narra. Primero se produce una comparación poco evidente (“Como los voraces lobos acometen a corderos o cabritos…”) y luego se le da sentido desarrollándola (“…así los dánaos cargaban sobre los teucros, y éstos, pensando en la fuga horrísona, olvidándose de su impetuoso valor.”).
  • Lengua artificial y literaria: La lengua de los poemas homéricos es una lengua artificial, puramente literaria, que no se puede identificar con ningún dialecto de ninguna época ni de ninguna región de Grecia. Constituye una mezcla dialectal de diferentes lugares y épocas, mezcla debida a su trasmisión oral. De los elementos que configuran la lengua épica, unos son artificiales y creados por necesidades métricas (así como la diectásis o asimilación en lugar de contracción), otros tiene una afiliación dialectal, cuyo fondo más antiguo está constituído por micenismos que estan testimoniados en las tablillas micénicas. Después sigue un estrato de eurismos que corresponden al cultivo de la épica oral por los herederos micénicos que emigraron a Asia Menor a consecuencia de las invasiones dóricas. El rasgo más llamativo es la mezcla de diferentes dialectos. Los elementos más modernos son los áticos, pero ellos no son resultado de procesos que corresponden, no a la génesis de la epopeya en sí, sino a la historia de su transmisión. Como ésta se ha desarrollado en el Ática en una etapa importante, la penetración de aticismos es fácilmente comprensible. De manera diferente debe juzgarse la aparición de abundantes eolismos en el seno del lenguaje fundamentalmente jónico de la epopeya. Llama la atención al respecto la coexistencia de formas eólicas y jónicas.
  • El uso del hexámetro, es decir la repetición de seis metros, también llamados pies. Cada metro, llamado dáctilo, está formado por una silaba larga y dos breves. Las dos sílaba breves pueden sustituirse por una larga y entonces el pie se llama espondeo. Hay hexámetros que son holodáctilos, es decir, todos los pies, menos el último (que siempre ha de ser espondeo), son dáctilos; algunos otros son holospondaicos (todos los pies son espondeos). En el interior del hexámetro hay cesuras o pausas métricas. Si la pausa métrica coincide con el final del pie se llama diéresis. Las censuras son: trihemímeres, pentemímeres, heftemímeres, trocaica o femenina y diéresis bucólica.
  • Héroe homérico: Tiene gran fuerza, pero no monstruosa; son modelo para el hombre común, sufren como él. La principal característica es su “ἀρετή” (valor, virtud, excelencia), que debe exhibir en el combate. Esta virtud es innata en la clase aristocrática y non la pierden aun que cometan acciones imprudentes. Los héroes son, en muchos casos, descendientes de dioses y/o se comparan con ellos. Su máxima aspiración es el reconocimiento público, que se ve reflejado en el reparto del botín y que debe ser pregonado por los demás hombres. Este honor tamén le proporcionará una fama inmortal para la posteridad. Homero crea personajes que son paradigma de alguna virtud o defecto:

1. Néstor: prototipo do anciano noble, consejero del exército y la personificación de la prudencia en el hombre.

2. Diomedes: caballero sin tacha, valeroso y hospitalario y el más prudente de todos los de su edad. Por esto es el portavoz de la comunidad en los momentos más graves y sucesor de Aquiles cando se retira del combate.

3. Héctor: lucha por su patria y por su pueblo y en el juegan un importante papel el amor por su esposa y su hijo y la comprensión de las debilidades del prójimo, Paris y Helena. El poeta configura su propio ideal de héroe: el héroe humanizado no ajeno a las grandezas o debilidades de los demás.

4. Aquiles: No siempre marcha de acuerdo cos los ideales caballerescos, ya que está poseído por la ira. Tampoco modera sus sentimientos cuando muere su amigo Patroclo. Posee los mayores atributos heroicos: hijo de una diosa, sus armas son fabricadas por el propio Hefesto.

5. Patroclo: se destaca su fidelidad a Aquiles. Sus hazañas en el canto XVI son un procedimiento indirecto para reflejar la grandeza de Aquiles, con quien lo confunden los troyanos por llevar sus armas.

6. Odiseo: en la Iliada no es una primera figura y parece que tiene menos trazos aqueos y aristocráticos que los demás. No sobresale en el la valentía, sino la reflexión o cálculo y la astucia, lo que está mejor tratado en la Odisea, donde destaca por su humanidad.

  • El destino: La intervención de los dioses antropomórficos en la acción de los poemas es continua. La sociedad del Olimpo está estructurada sobre el modelo de la micénica, con el padre Zeus como auténtico “pater familias”. El poeta dispone de cantos épicos de tema mitológico a los que recurre cuando es necesario y trata los temas con libertad poética, ofreciendo variantes de algún mito. El hombre homérico no está concebido con la plenitud racionalista de la época clásica, es previo al nacimiento de la filosofía. El hombre no es responsable de sus acciones, porque obra poseído por fuerzas superiores o extrañas. Hay pasajes que representan las acciones humanas motivadas por un dios: el dios da o quita fuerza en el combate, auxilia a sus favoritos, etc; ejemplo de ello es la intervención de Atenea en favor de Aquiles en su combate contra Héctor frente a las murallas de Troya, escena en la cual el papel de la diosa ojizarca es clave para la victoria de Aquiles. Los personajes se comportan obedeciendo los designios divinos, como sucede, por ejemplo cuando Patroclo cae en combate en el canto XVI. Los héroes y los hombres se saben sujetos al destino que los dioses les tienen preparado, son conscientes de éste, y lo asumen con endereza y valentía, rasgos característicos y fundamentales del “ἀρετή”. Los dioses manejan el destino de los hombres cual titiritero a sus títeres.
  • Repeticiones: Fenómeno común en la épica primitiva, tanto medieval como helénica. Este recurso aparece también en la epopeya del Próximo Oriente, el Gilgamesh. Por lo cual nos hallamos ante un hecho cuya explicación da cuenta de un rasgo común a toda la epopeya: el carácter oral, por lo menos en una primera fase de formación. La técnica de la repetición encuentra su máximo exponente en las obras homéricas.
  • Interpolaciones: Procedimiento con el cual Homero distancia al lector de la acción principal narrando un hecho secundario relacionado con el primero, en el que éste amplía la información de la acción principal. En las obras homéricas encontramos varios ejemplos, como el que recoge Auerbach en “La cicatriz de Ulises”, donde explica este fenómeno en la escena en la cual Euriclea reconoce a Ulises a través de su cicatriz (Canto XIX, Odisea). Otro ejemplo lo vemos en la escena las sirenas y Ulises (Canto XII, Odisea). Con este procedimiento se podría pensar que Homero lo que pretende es agudizar la tensión del lector, pero el elemento “tensión” en las obras homéricas es poco frecuente, ya que lo que consigue es alejar al lector de la narración principal. La interpolación no debe acaparar toda la atención ni distanciar la conciencia del lector de la “crisis”, cuyo resultado final debe hacerse desear. Homero relata siempre en presente, y tanto el hecho principal como el hecho secundario llenan por completo la escena y la conciencia.

Historia del concepto

Los eruditos generalmente aceptan, a partir de los estudios realizados por Milman Parry y Albert Lord, que la Ilíada y la Odisea son el producto de una tradición oral transmitida a través de varias generaciones. Las fuentes antiguas ya señalaban que los poemas homéricos eran interpretados y transmitidos oralmente. Un análisis de la estructura y el vocabulario de ambas obras muestra que los poemas contienen frases repetidas regularmente, incluyendo la repetición de versos completos. Parry afirmó que los trozos de lenguaje repetitivo, llamados «fórmulas», fueron heredados por el poeta de sus predecesores. El propósito de su tesis era analizar la función de epítetos épicos homéricos como "Néstor, el viejo conductor de carros", "Aquiles el de los pies ligeros" o "Diomedes, domador de caballos" y otros muchos que esmaltaban el texto y se repetían con intrigante regularidad, hasta el punto de que muchos críticos los consideraban interpolaciones que entreveraban el verdadero texto original. Para Parry tales epítetos poseían una función bien marcada como útiles de trabajo para el aedo o bardo cantor de los poemas, permitiéndole construir la narración a su gusto y al de los asistentes y, como sospechaba Havelock, dándoles tiempo para ayudarles a recordar los pasajes.

Según Albert Lord en las notas de su obra The Singer of Tales, “Los poetas dentro de la tradición oral, como Homero, crean y modifican sus cuentos mientras que los realizan. Así, Homero pudo "tomar prestados" de otros autores, pero ciertamente, él impuso un estilo propio a su obra”.

Dominique Casajus, especialista en el tema de la oralidad y la escritura de la poesía, es uno de los antropólogos contemporáneos interesado en las discusiones relacionadas a la cuestión homérica, sobre la que examinó en particular el papel de Jean-Jacques Rousseau.

Una escuela denominada neoanalítica, compuesta por autores como Ken Dowden en 1996, ha interpretado los poemas homéricos en relación con el oralismo como resultado de la obra de un poeta a la vez recopilador y creador, a partir de material que llegó a su poder de forma oral. Es objeto de debate el modo en el que los poemas homéricos fueron elaborados y cuándo podrían haber tomado una forma escrita fija.

La mayoría de los clasicistas están de acuerdo en que independientemente de que hubiera un Homero individual o no, los poemas homéricos son el producto de una tradición oral transmitida a través de varias generaciones, que era la herencia colectiva de muchos cantantes-poetas, aoidoi. Un análisis de la estructura y el vocabulario de ambas obras muestra que los poemas contienen frases repetidas regularmente, incluyendo la repetición de versos completos. Milman Parry y Albert Lord señalaron que una tradición oral tan elaborada, ajena a las culturas literarias actuales, es típica de la poesía épica en una cultura exclusivamente oral. Parry afirmó que los trozos de lenguaje repetitivo fueron heredados por el cantante-poeta de sus predecesores y eran útiles para el poeta al componer. Parry llamó «fórmulas» a estos trozos de lenguaje repetitivo.

Auerbach pone como ejemplo del Estilo Homérico la célebre escena de la Odisea en la que Euriclea, la sirvienta de Penélope, va a lavar los pies a un viajero recién llegado. Es una de las primeras escenas en las que presenciamos el mecanismo de la anagnórisis o reconocimiento; de hecho, todo el desenlace de la Odisea es una continua anagnórisis, en la que Ulises es reconocido por su perro, por su sirvienta Euriclea, por su hijo, por su padre y, por fin, por su esposa Penélope.

Ejemplificación

El estilo homérico, perteneciente a la Literatura Mundial, aparece reflejado en obras como la Odisea, la Ilíada y otras restantes que corresponden al llamado Ciclo Troyano, del que sólo se conservan fragmentos. Todas ellas atribuidas al poeta Homero. Posteriormente, aunque de forma menos acusada y evidente, el estilo homérico aparece reflejado en obras de autores latinos, como en la Eneida de Virgilio o en las Metamorfosis de Ovidio, así como en las restantes obras de estos autores latinos. Se dan también trazos del Estilo Homérico en las obras de Aristófanes (Las nubes, Las aves, Lisístrata, etc.), Eurípides (Las Troyanas, Medea, Hécuba, entre otras), Sófocles (Edipo Rey, Antígona, Áyax, etc.), Esquilo (Los persas, Los siete contra Tebas, Las suplicantes, etc.), entre otros.

Voces relacionadas

clásico; circulación literaria; oralidad; tradición oral; literatura clásica; literatura de viajes; literatura vernácula; literatura mundial; poiesis.

Bibliografía

  • Aristóteles, «Poética». Trad. José Alsina Clota. . Icarta, 1998 (selección).
  • Del Rincón. Francisco Miguel. Trágicos menores del Siglo V a.C. (de Tespis a Neofrón): estudio filológico y literario, Madrid: Fundación Universitaria Española, 2007.
  • Moratín, Nicolás Fernández de. Teatro Completo: La Petimetra; Lucrecia; Hormensinda; Guzmán el Bueno. Madrid. Editorial Cátedra. 2007.
  • "Tragedia" Enciclopedia Europea, vol. XI, p.399. Milano, Garzanti, 1984.
  • Auerbach, Erich. 1988. La cicatriz de Ulises. Mimesis. La representación de la realidad en la literatura occidental, traducido por I. Villanueva y E. Ímaz, 1-30. México: Fondo de Cultura Económica. Original alemán de 1946.
  • Lord, Albert. 1960 «The Singer of Tales».